miércoles, 8 de junio de 2011

¿Qué tan importante es el papel del padre en la formación de los hijos?

En el mes de junio celebramos el día del padre. Existe actualmente toda una corriente ideológica que pretende relegar la importancia de su labor formativa en el hogar. Me parece muy bien que se resalte la función clave de la madre dentro de la familia y la educación de su prole, pero ambas son actividades complementarias y pienso que no tienen porqué oponerse o presentarse como antagónicas.

Como ahora se le concede una gran importancia a los testimonios, me pareció oportuno escribir sobre algunos de ellos que me tocó vivir de cerca dentro de mi propia familia.

Mi abuelo materno fue padre de once hijos (tres varones y nueve mujeres). Tengo muy grabada en la memoria su capacidad de formar a mi madre, a mis tíos y a mis primos, porque yo era de los nietos mayores y ya me percataba de su labor educativa en esa numerosa familia.

Recuerdo que cuando había que elogiar a una hija o a un nieto, no dudaba en hacerlo con prontitud (por ejemplo, por obtener buenas calificaciones o por sus logros profesionales.), pero con esa misma celeridad era capaz de corregirnos cuantas veces fuera necesario, con toda la energía que el caso ameritara.

En lo personal yo siempre quedé agradecido con él porque nos ayudó a templar el carácter, a desarrollar la fuerza de voluntad, así como a tener afán de superación y a que nos planteáramos metas valiosas en la vida.

-Mi ilusión es verlos convertidos, con el tiempo, en mujeres y hombres de bien, como destacados profesionistas o madres de familia y que contribuyan a mejorar la sociedad en que vivimos. –solía repetirnos con frecuencia.

Recuerdo que le dio particular gusto cuando mi hermana Carmen decidió estudiar la carrera de Comunicación y le animó mucho a que pusiera particular empeño por descollar en su especialidad.

Cuando una de mis tías enviudó ( no tenía todavía 40 años y se quedó con siete hijos), le dijo que la iba a apoyar económicamente, de forma especial con los estudios de mis primos. Y la animó a cumplir con su nueva misión, aconsejándole:

-Ahora tienes que seguir teniendo el corazón de madre pero con el brazo exigente de un padre. Y así lo hizo.

Sobre mi padre, tal vez en unos de los temas en que le estoy más agradecido, fue que desde que era adolescente, me comentó con franqueza:

-Es importante que aprendas a ser autónomo, a resolver tus propios problemas. Yo te brindaré mis consejos y mi apoyo cuantas veces lo requieras y sea necesario, pero tú tienes que ser el principal responsable de tus estudios, de tu futuro como universitario y luego como profesionista.

También me añadió:

-Como ya llegaste a la edad de las fiestas, te voy a enseñar cómo manejar bien el automóvil para que te valgas por ti mismo. Te daré dinero para que en esas reuniones sociales te puedas tomar un par de bebidas. Pero que te quede claro que estoy depositando una gran confianza en ti, quiero que administres bien tu libertad. Además, eres el mayor de tus hermanos y les tienes que dar buen ejemplo, ¡no me defraudes!

Se me quedó tan grabado ese llamado de mi padre a comportarme con responsabilidad, con sobriedad en el beber, en dar buen ejemplo y en la dedicación esmerada a mis estudios, que puse todo mi esfuerzo en efectivamente no fallarle.

Hace años, había un par de personajes de la televisión, caracterizados por “Los Polivoces”, que a mí me resultaban muy divertidos. Se trataba de una madre casi ancianita que se congratulaba de tener un hijo guapo y galán: “Gordolfo Gelatino”. Y a cada ingeniosa ocurrencia o comentario inteligente que hacía su hijo queridísimo, ella exclamaba entusiasmada:

-¡Yo lo hice solita! ¡Éste es mi hijito!

No pasaba de ser un comentario cómico. Porque el papel del padre en el hogar, ahora más que nunca, es insustituible para la formación de virtudes y valores tan importantes como: la fortaleza, la reciedumbre, la determinación, la seguridad en sí mismo, el espíritu emprendedor, el carácter bien formado, el tener una autoestima adecuadamente ubicada, el realismo para enfrentar los problemas y las adversidades de la vida.

Con esto no pretendo decir que las madres no fomenten también estas mismas virtudes, pero considero que la presencia del padre en la educación de los hijos es determinante para la forja de la personalidad de las hijas y de los hijos.